martes, 29 de marzo de 2011

La marca de la bestia

En estos días me convencí de que "la marca de la bestia" referida a un chip sin el cual -en este punto los "apocalípticos" religiosos hacen un interesante cuan temible paralelo con lo que dice el Apocalipsis- "sin él nadie podrá comprar ni vender", ya está en marcha. Más bien, hace rato lo usamos, por ahora en forma de tarjetas de crédito. Y sin duda sentimos gran tribulación cuando hay que pagar, también ciertamente parece más fácil ceder y usarlas. ¿No es acaso cierto que mediante las tarjetas de crédito se pueden conocer los movimientos de quien las usa, lo que comen, los sitios que frecuenta, cuántos kilómetros puede andar en auto según el combustible que cargan? Hasta la marca de bombacha o calzoncillos que se usan. O el preservativo.
El chip que sirve para lo mismo, y para mucho más, con características de espionaje y de documento de identidad, equivale al "wikileaks" en el sentido de banco de datos personales y hasta íntimos. Y ya ha empezado a implantarse, por ahora en la mano. Si se llega a generalizar, y se haría, dado que la "identidad" que se logra con el mismo sería absoluta, llevaría al control total de la humanidad. También en eso los paralelos apocalípticos son evidentes. Guerras ya hay -de eso se encargan los yanquis y sus aliados de siempre- y como dicen los comunistas, "las condiciones están dadas" para el Apocalipsis.
Llaménlo unos apocalipsis y llévenlo al plano religioso, o digan otros que se trata de la simple consecuencia de tremendas agresiones a la naturaleza, lo cierto es que el mundo está en peligro. Y a muchos ya les llegó su "apocalipsis" (¿no es cierto que los japoneses ya lo tuvieron, lo están teniendo?), en cuanto al resto del planeta, todos estamos bailando en la cuerda floja. Y ciertamente, más allá de las interpretaciones de agoreros y "profetas", sigue siendo cierto que "el hombre es el lobo del hombre" (con perdón de los lobos) y de ahí nos viene la desgracia.
La solución es muy simple. Como irrealizable, por culpa de la maldad de los unos y el "silencio de los buenos" (gracias, Martin Luther). Una sola regla debería implantarse en el mundo, en vez del "chip masificador" que, no dudo, llegará a ser una realidad que dará pie a más "profecías" hecatómbicas que podrían ser evitadas. Sólo hay que admitir y actuar en consecuencia a una única convicción: no hay crimen que se justifique, por tanto no hay guerra justa, como jamás hubieron guerras santas. Esto incluye a los crímenes contra la naturaleza, preservarla es cuidar la vida en la Tierra, las vidas de nuestros hijos y las de los hijos de los demás. ¿Por qué es tan difícil entender eso, para tantas gente? Me hace pensar que quienes declaran guerras, ordenan ataques a otros países y los justifican, realmente son diabólicos. Y si el diablo no existe, ya lo están inventando.

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