lunes, 13 de septiembre de 2010

BUENOS AIRES LLUVIOSO DEL 13 DE SEPTIEMBRE 2010

ENCUENTRO PORTEÑO CON LUIS HERNÁEZ




Llovía nostálgicamente en Palermo, como si el cielo ya se hubiese cansado de gotear, era la tarde pero podía ser la noche porque las sombras cercaban todas las calles amotinadas de taxis, buses y vehículos que pasaban sin parar. En Di-Vino nos habíamos dado cita con Luis Hernáez y Marta, su esposa. Cuando llegué, a través de la vidriera del bar los vi sentados en una de las mesas de la esquina de Charcas y Malabia. Hacía al menos tres años no nos veíamos pero la amistad verdadera suele cruzar estos puentes hechos de tiempo (que es como decir “hechos de nada”) con la facilidad del instante, que no piensa. Ambos me abrazaron y repentinamente la alegría se instaló entre nosotros; hablamos de Paraguay, de Buenos Aires, de Corrientes, de la literatura, del procesamiento de berenjenas y tomates, de la psiquiatría, de Corrientes, del NIRE, de Francisco Madariaga, de mi próxima visita a Asunción para un congreso. Martita pidió un café, y con Luis decidimos que lo mejor sería un Malbec Viña Gabriel numerado que el mozo de Di-Vino, que ya me conoce, siempre lo tiene a una punta de mano para alcanzarme.

Luis está escribiendo una novela, sé que la va a terminar, y sé que será leída con felicidad porque habla del tema de la inmigración de españoles al Paraguay y de paraguayos a España. Hablamos de “Palabras Escritas” que sigue su camino, de Vidalia, de Pepa, de Isabel, de Amanda, del último libro de Mabelita que es una joya, de la amistad que, como el vino, mejora con el tiempo si sabemos cuidarla.

Alejandro Maciel,
13.9.2010

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