jueves, 2 de septiembre de 2010

¿El mal florece o es que el bien sólo alcanza a algunos?

Releyendo "Las Flores del Mal", de Charles Baudelaire, que como todos sabemos, sufrió el recorte amargo pero también enorgullecedor de la censura, me pregunto dónde radicó la mentira, el pecado o la agresión de este escritor, uno de "los poetas malditos", a la sociedad. Quizás decir "sociedad" lo resume todo y aclara el panorama: había que poner corsé a las emociones, como siempre, no sea se fueran a desbordar. No sea se digan las verdades... no sea se abra los ojos a nadie.
La poesía es digerida integralmente (sin que se hiera la garganta que la lee en voz alta como para que todos la escuchen) sólo si se la traga como los cereales, con un poco de leche o un poco de yogurt. ¿Sola, desnuda, cruda? ¡No! Jamás, por suerte para los santularios, moralistas y pusilánimes, hay modos de hacer correr con la vaina a los poetas de alma débil y que sólo buscan figuración. Simplemente, se les acusa de poetas panfletarios, o se dice que se trata de una poesía-piedra. Allá ellos. Por acá, como en las flores del mal, siempre habrá quien no se resigne a cantarle loas al amor burgués y a decir qué lindas son las flores y en el cielo las estrellas de Tata Dios.
Seguramente Baudelaire fue un incomprendido. Pero no, se le habrá comprendido muy bien, por eso se le censuró. Bendita sea la censura que arroja a los leones las palabras, que de otro modo quizás no hubieran llamado la atención. Al final, ¿qué era lo tan prohibido? ¿Loas a Satán? "Tú que amas a los leprosos, a los parias malditos  / enseñas por el amor el gusto por el Paraíso, oh Satán, apiádate de mi larga miseria", dice en uno de esos poemas "prohibidos".
¿Dijo lo que dijo, o está diciéndonos que el Dios que nos pregonan está hecho a la medida de los poderosos, los ricos, los que pueden alcanzar el cielo en la tierra? He ahí la cuestión. Si fuere cierto, será que Satán se aprovecha porque los hijos de Dios quedan a la intemperie, desamparados de su amparo que les fue prometido, en una tierra liderada por los verdaderos malditos, los que se comen el queso del sandwich, y se comen también el pan, y luego quieren que se siga rezando. Quizás el mismo "poeta maldito" se explica a sí mismo cuando dice que, finalmente, "el blasfemo viene a reafirmar la religión".

  

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