miércoles, 6 de octubre de 2010

DE BRAVUCONADAS MILITARES Y OTRAS YERBAS

VARIACIONES SOBRE EL MISMO TEMA

El tema de la creciente inseguridad social ocupa la agenda de los principales líderes de países emergentes. Cualquier análisis de datos, por precario que sea, demuestra en forma clara que, aunque las cifras de crecimiento económico repunten, la distribución de esas ganancias sigue siendo muy desigual. El neoliberalismo que fustigó el mundo en las décadas de los ‘80 y ‘90 dejó marcadas las huellas de una profunda vocación empresarial por la explotación salvaje de los empleados / obreros / obreras.
En Latinoamérica, además, se desalentó la producción agropecuaria minifundista, el campo quedó desierto, el éxodo de la gente hacia las grandes ciudades produjo cinturones de hacinamiento social donde el Estado, que insistían en achicar, no llegaba para salud, educación ni justicia. No hay que ser adivino para saber que la gente ayuna de formación, abandonada en sus necesidades más que básicas, es el invernadero donde pueden progresar todos los males sociales.
El actual Gobierno tomó el toro por las astas y si bien las políticas de emergencia siguen siendo asistencialistas, han diseñado otros pasos y proyectos pero el problema sigue siendo difícil. Todavía tenemos a la educación en pañales y sin una verdadera insistencia obsesiva en la educación (el otorgamiento del subsidio familiar a cambio de la asistencia de los niños/as al colegio, es un paso en este sentido) no daremos con ninguna salida del atolladero. Es la propia gente la que debe buscar la salida, contando con una mínima formación que los haga laboralmente competentes y socialmente activos para abrir la puerta por ellos mismos, sin esperar nada mágico que los saque del problema a cambio de votos, dádivas o regalos. A nadie que sea digno le gusta venderse.
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Cuando caminábamos seguros por los senderos institucionales, nuevamente una asonada policial puso en alerta la democracia ecuatoriana. Los datos inicialmente eran confusos, estaban mezclados personajes y personejos del ejército, la policía y los nunca faltantes negociadores de la derecha que se desvelan por custodiar los sagrados valores de la patria, etc. etc.. Esa misma derecha conservadora y conservadura que fortaleció la exclusión social con su ideología del “sálvese quien pueda mientras yo gane” ahora pretende ser no sólo la enfermedad, (que siempre lo fue) sino también el remedio, el médico y el certificado de defunción llegado el caso. Excelente el enérgico repudio general de todos los sectores que todavía recuerdan haber aprendido algo de dignidad cívica.
Alejandro Bovino Maciel, Buenos Aires, octubre 2010.

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